Domingo (lunes fiesta) - Lo que quiero ser y lo que soy
11 05 2008Hay una gran diferencia entre lo que uno es y lo que quiere ser. Sin embargo, no es tanta la diferencia entre lo que se quiere ser y lo que se puede ser.
Atiende. Paso horas y horas en las que, sencillamente, no hago nada. Este concepto es difícil de entender por mucha gente, quizás porque nunca han experimentado verdaderamente el “no hacer nada”. La gente utiliza erróneamente este termino cuando, por ejemplo, leen una película o ven un libro. Sin embargo, esto para mí es hacer. Cuando yo hablo de hacer nada, me refiero a, por ejemplo, leer un párrafo repetidamente hasta la obsesión, sin siquiera prestar atención a lo que dice ese texto. Son instantes de desconexión de la realidad, de evasión absoluta. Porque, sencillamente, no estoy en mundo alguno. Soy un zombie.
Es por eso que soy tan inculto, tan mediocre en mis estudios y tan torpe socialmente. Porque cuando la gente normalmente no estudia, dedica ese tiempo a alguna cosa que le forme en alguna otra dirección. Yo no. Yo dedico ese tiempo literalmente a nada. No es algo que me guste, no es por pereza. Es una tristeza interior que me inclina a no posicionarme en ninguna modo de vida. Es una forma de suicidio cobarde y silenciosa.
Sin embargo, como digo, esta no es una actitud que me resulte agradable para mí mismo. De igual manera que el suicida que apoya su cuello en el acero de una vía de ferrocarriles no busca el éxtasis ni la comodidad en ello. Es una negación del mundo. Un cerrar los ojos ante las alturas para no sentir el vértigo que nos produce vivir. Pero preferiría no tener que cerrarlos.
Sin embargo, hay algo que me sorprende de mí mismo. Sé que quiero ser algo más. Sé que quiero hacer otra cosa. Expresé una parte de ello en el post anterior. También, yo, a veces me sorprendo a mí mismo por como escribo algunos sentimiento, por mi forma de deformar la realidad hasta amoldarla a mi alma. Es ésta de las pocas cosas que me reportan verdadero placer. Son sólo unos minutos pero el día entero parece girar entorno a ellos insconscientemente. Porque focalizo mi mente en una reinterpretación del mundo en la que después puedo recrearme. Produzco y consumo mi propia droga.
Está bien ser un yonki unos minutos al día, una hora o dos incluso. Adormece tu mente, la deja descansar y la prepara para la batalla. El problema aparece cuando el caballero piensa eternamente en una guerra que no acaba de librar. Cuando diseña la estrategia, los recursos que necesita, las situaciones en las que se encontrará. Pero todo ello sucede en un mantel de ilusiones que el viento acaba deshaciendo.
Siento que puedo ir a la guerra e incluso sobrevivirla. Lo sé porque ya he librado algunas pequeñas batallas de demostración u entrenamiento. El problema es que sigo siendo demasiado cobarde. Estoy tan seguro de que puedo ganarla que poner a prueba mi suposición y arriesgarme a fracasar me produce un pánico enorme. En mis ideales, yo soy un hombre grande pero una voz interna sospecha que soy un gusano. Que si no actúo, la sospecha se queda en sospecha. Pero que si muevo un dedo la sospecha se convierte en certeza. En el mundo de las probabilidades yo puedo ser cualquier cosa, en la realidad sólo soy una y me da miedo saber cual es.
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Así que, ¿pretendes ver todos tus espejismos desde la distancia o tendrás el valor de correr hacia ellos?
Tienes que reaccionar, tienes que darte cuenta de que ahora vives en un sueño, alejado de la realidad. Cuanto más tiempo permanezcas en él, más te costará salir. No tengas miedo porque no hay mayor gloria que la que te proporcionará el camino de tu propia alma. Ella te guiará mientras la sigas escuchando. Todos los demás son ilusiones banales. Cuando has ganado lo que no te importa, no has ganado nada en verdad. Camina su sendero en la realidad y abandona tu mar de fantasías. Sólo hay un destino verdadero al que debes dirigirte. Sábelo y persíguelo. Ganes o fracases poco importa, sólo hiciste lo que debías y cualquier otra cosa hubiese sido una farsa . No busques más porque no encontrarás nada nuevo. ¡Vuela!
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A veces pienso que todo lo que hago es de juguete…
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Quien diga que el físico no importa, miente. Importa y mucho. Importa a los que buscan tetas e importan a los que buscan almas. Me explico.
A lo largo de estos 14 días visitando perfiles y más perfiles he notado una gran diferencia entre las féminas que son objetivamente guapas y las que no.
Las primeras se saben deseadas y, por tanto, no tienen necesidad de hacer esfuerzo alguno por alguien que se acerque a ellas. Éstas, siendo conscientes de que poseen un activo de alto valor social, no pueden actuar como si no tuviesen nada entre manos. Por lo tanto, exigen que para que ellas pueden realizar cualquier esfuerzo, cualquier entrega, el que se acerque ha de ser líder de un clan o cerca de ello al menos. Es una transacción económica. El resto son siervos que utilizarán a su gusto.
En cambio, un sector importante de las féminas menos agraciadas o de belleza subjetiva, son mucho más accesibles, más predispuestas a un intercambio limpio de ideas, mucho más confiadas. Digamos, que éstas son humanos dignos. Que se vanaglorian de su pensamiento y no del azar.
Así que el problema es que el ser humano que consigue algún tipo de poder adquisitivo (sea dinero, belleza o cultura) estadísticamente se vuelve intratable. Ya que ellos ahora tienen algo que desconfían que alguien les robe. Pero por todos es sabido que, aquel que tiene miedo, pierde su dignidad. Es una rata.
Persigamos lo que persigamos y tengamos lo que tengamos, no aceptaremos que se traten las “virtudes”, nuestras o ajenas, como si fuesen mercancía con la que negociar. Valoraremos quién mueve los hilos y no los hilos. La personalidad, la esencia, sobre cualquier otra cosa. En caso contario, favoreceríamos el capitalismo social. La competitivad sobre premisas absurdas. Nunca despreciemos a nadie que se nos acerque. Siempre se ha de agradecer el interés que cualquier persona muestre por nosotros.
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No valores a la gente por lo que tiene o lo que memoriza, valórala por lo que realmente es, por su esencia más profunda. Será la única forma de que no te lleves un desengaño. Hay muy pocas almas puras y muchos caminos a un mismo objeto.
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Esto huele a mercado, a marketing, a falsedad.
Etiquetas:exito, fracaso, miedo
Categorías : analisis, descripciones, destacado, fracaso
¿Qué me hace a mí ser yo? Lo único que hasta ahora me identifica es esta pobreza interior. No sé hacer nada más. Ni sé tocar un instrumento (y no por falta de ganas), ni estudio, ni soy inteligente, ni mucho menos guapo (por los referentes externos, incluso feo, según parece). Por no saber, no sé ni escribir. Si alguien observa estos posts están bien repasados y, a pesar de eso, están plagados de errores y con una tremenda pobreza de lenguaje. Creo que soy disléxico, porque, si no, no lo entiendo. Así que parece que he llegado a la conclusión que en el terreno del sufrimiento, de la cutrez, de la cobardía no tengo rival. Que soy enfermizo, pero que esa es la única cosa que me hace especial, así que yo me aferro a ello con todas mis fuerzas. Cobarde. Nadie te ha condenada. No ese Dios que nunca reconoces en tus palabras pero al que obviamente te diriges. Cobarde, amas la condena que tú mismo te has proporcionado. Sabes que nadie está dispuesto a llegar al punto donde tú estas, nadie con tu inteligencia e intereses lo haría nunca. Nadie. Así que tú ahora eres el rey del infierno. Te pueden despreciar un millon, pero crees que quien haga el millón uno se fijara en tu submundo, que lo encontrará interesante… Y te preguntará “¿Pero tú qué haces aquí? Wooow” y caerá en tu trampa. Eres un gilipollas. No eres una mierda porque no tengas virtudes, eres una mierda porque realmente te gusta serlo. Soy mi peor enemigo. Algo, alguien ha de morir. Tengo que amputar una parte de mí.


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